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Hey Life Warriors! La microbiota intestinal es una parte fundamental de nuestra salud. Se oye hablar mucho de ella, también denominada flora intestinal, pero no todo el mundo entiende su importancia lo suficiente. Vamos a compartir una serie de tres artículos en los que explicaremos qué es la microbiota intestinal, cuáles son sus funciones, qué ocurre cuando algo va mal con nuestra microbiota y qué cosas debemos hacer para mantenerla en equilibrio.
¿Qué es la microbiota y para qué sirve?
La microbiota intestinal se refiere al conjunto de microorganismos que habitan en nuestro tracto digestivo, principalmente en el intestino. Son trillones de seres diminutos —bacterias en su mayoría, pero también virus, hongos y arqueas— que han evolucionado con nosotros en una relación de mutuo beneficio. De hecho, se estima que superan en número a nuestras propias células y aportan un contenido genético (microbioma) cien veces mayor que el del genoma humano. En otras palabras, somos un “superorganismo” compuesto por la simbiosis entre el cuerpo humano y su microbiota.
Esta flora intestinal (como también se la conoce) comienza a establecerse desde el nacimiento y se va moldeando en los primeros años de vida. En la edad adulta, la microbiota suele ser relativamente estable, aunque única en cada individuo, como una huella dactilar microbiana.

Funciones esenciales de la microbiota intestinal
Nuestra microbiota intestinal actúa como un verdadero órgano olvidado que realiza múltiples funciones esenciales:
- Ayuda en la digestión y nutrición: Las bacterias intestinales fermentan los alimentos que nuestro cuerpo no puede digerir por sí solo (por ejemplo, la fibra) produciendo nutrientes beneficiosos. Generan ácidos grasos de cadena corta como el butirato, que alimentan a las células del colon y reducen la inflamación intestinal. Además, sintetizan vitaminas importantes (como la vitamina K y algunas del grupo B) y contribuyen a extraer energía de los alimentos (1).
- Refuerza la barrera intestinal: La microbiota contribuye a mantener la integridad de la mucosa intestinal. Esto significa que ayuda a que la pared del intestino esté fuerte y no permita el paso de patógenos o toxinas al torrente sanguíneo (1).
- Protección contra patógenos: Los microbios beneficiosos desplazan y controlan a las bacterias perjudiciales mediante competencia por espacio y nutrientes. En condiciones normales, la microbiota actúa como un escudo que dificulta que microbios externos causantes de enfermedades colonicen el intestino. Por eso, una microbiota equilibrada nos ayuda a prevenir infecciones gastrointestinales.
- Entrena y modula el sistema inmunológico: Aproximadamente el 70% de nuestro sistema inmune se encuentra en el intestino. Las bacterias comensales “enseñan” a nuestras defensas a reconocer microorganismos peligrosos y tolerar a los inocuos. Esta interacción constante es crucial para una respuesta inmune adecuada.
- Comunicación con el cerebro (eje intestino-cerebro): Sorprendentemente, el intestino y el cerebro están conectados vía nerviosa (nervio vago) y química. La microbiota produce neurotransmisores y otras moléculas que pueden influir en el estado de ánimo y las funciones cerebrales. Por ello, se investiga su relación con la ansiedad, la depresión y otros trastornos. Aunque queda mucho por descubrir, se sabe que una microbiota saludable puede contribuir a un bienestar mental mejor, mientras que sus alteraciones se han asociado con cambios de humor (2).
En síntesis, la microbiota intestinal favorece la digestión, fortalece la inmunidad, nos protege de infecciones y colabora en mantenernos saludables en cuerpo y mente. Es una pieza clave de nuestra biología, y cuando funciona bien, apenas nos damos cuenta de que está allí, trabajando silenciosamente por nosotros.
Esperamos que esta información te haya resultado útil; la próxima semana te contaremos qué problemas pueden derivarse de una microbiota en mal estado. ¡Nos vemos!
