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Disbiosis: Síntomas y Consecuencias para tu Bienestar

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Cuando el equilibrio de nuestra microbiota se rompe —estado conocido como disbiosis— el cuerpo se resiente. Un desequilibrio significa que han disminuido las bacterias beneficiosas, ha bajado la diversidad microbiana o han proliferado en exceso microbios perjudiciales​ (1). Las causas de esta disbiosis pueden ser diversas (las veremos en la siguiente sección), pero sus consecuencias suelen ser similares: malestar digestivo e impacto en la salud general.

En el intestino, una microbiota dañada puede traducirse en problemas digestivos crónicos. Por ejemplo, se ha asociado la disbiosis con condiciones como el síndrome de intestino irritable, la enfermedad inflamatoria intestinal (colitis, Crohn) e incluso con un mayor riesgo de infecciones como la diarrea asociada a antibióticos o infección por Clostridioides difficile (2). Al alterarse la barrera intestinal, es más fácil que agentes patógenos o sustancias inflamatorias irriten la mucosa, provocando inflamación y daño.

Pero los efectos no se limitan al intestino. Numerosos estudios vinculan una microbiota desequilibrada con enfermedades metabólicas y sistémicas. Por ejemplo, se ha observado disbiosis en personas con obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares, sugiriendo que podría influir en el metabolismo energético y la regulación de la glucosa (2). Asimismo, una microbiota poco saludable se ha relacionado con trastornos autoinmunes y alergias, debido a su papel en la modulación inmunológica.

Incluso en el ámbito mental, una alteración de la flora intestinal podría contribuir a síntomas psicológicos. Estudios emergentes encuentran correlación entre disbiosis y mayor incidencia de depresión, ansiedad e incluso deterioro cognitivo (2). Esto podría explicarse por el aumento de sustancias proinflamatorias y la reducción de metabolitos beneficiosos que ocurren cuando las bacterias “buenas” escasean.

En resumen, cuando la microbiota está desequilibrada o dañada, lo sentimos: aparecen molestias digestivas y aumenta la susceptibilidad a diversas enfermedades. Como muestran los estudios, una composición intestinal alterada se ha asociado al desarrollo de numerosas enfermedades inflamatorias e infecciosas​ (3). Por ello, mantener el equilibrio de nuestros microbios es fundamental para preservar la salud en general.

Factores que pueden desequilibrar la microbiota

Es normal que la microbiota fluctúe con el tiempo, pero ciertos factores de estilo de vida y ambientales pueden provocar desequilibrios marcados en su composición. Entre los principales desencadenantes de una disbiosis intestinal encontramos:

  • Dieta poco saludable: La alimentación es quizás el factor más influyente a lo largo de la vida (3). Una dieta occidental típica, alta en azúcares, grasas saturadas y alimentos ultraprocesados y baja en fibra, puede alterar negativamente la microbiota. Por ejemplo, el consumo excesivo de azúcares simples y comida basura reduce la diversidad microbiana y promueve bacterias asociadas a inflamación​ (1). En cambio, dietas ricas en fibra favorecen bacterias beneficiosas (como veremos más adelante). La variedad y calidad de lo que comemos moldea directamente nuestro ecosistema intestinal. Si quieres saber un poco más sobre los ultraprocesados y qué aditivos son los que debes evitar, echa un vistazo a este artículo.
  • Uso de antibióticos (y otros medicamentos): Los antibióticos son fármacos salvavidas para combatir infecciones bacterianas, pero su uso indiscriminado “arrastra” también a las bacterias buenas del intestino. Un tratamiento antibiótico puede reducir drásticamente la población normal de la microbiota y permitir que microorganismos resistentes o dañinos proliferen. El resultado a menudo es diarrea y malestar (como la diarrea asociada a antibióticos). Otros medicamentos, como algunos antiácidos, laxantes o incluso edulcorantes y aditivos alimentarios, también pueden impactar negativamente el equilibrio microbiano​(1). Es esencial tomar antibióticos solo cuando sean realmente necesarios y siempre bajo indicación médica(4).
  • Estrés crónico: Cuerpo y mente están conectados al intestino. El estrés psicológico prolongado puede alterar la motilidad intestinal, la secreción de jugos digestivos e inducir cambios en la microbiota a través de hormonas del estrés​(4). Diversos estudios en humanos y modelos animales han demostrado que el estrés sostenido puede reducir la diversidad bacteriana y favorecer el crecimiento de microbios perjudiciales, contribuyendo a un estado de disbiosis​ (4). Esto ayuda a explicar por qué situaciones estresantes a menudo se asocian con brotes de colitis, síndrome de intestino irritable o simplemente “nervios en el estómago”. En este artículo te damos algunos consejos para manejar el estrés.
  • Hábitos de vida poco saludables: El sedentarismo, la falta de ejercicio, el tabaco y el consumo excesivo de alcohol también afectan la microbiota. Por ejemplo, fumar se ha asociado a composiciones microbianas alteradas tanto en intestino como en pulmones, promoviendo bacterias perjudiciales y respuestas inflamatorias​(2). La falta de actividad física, por su parte, puede contribuir a menor diversidad bacteriana; de hecho, individuos muy activos (como atletas) suelen mostrar una microbiota más diversa que personas sedentarias, lo que sugiere que el ejercicio regular tiene un efecto modulador positivo (lo exploraremos en prácticas recomendadas).
  • Otros factores: La genética del huésped puede predisponer a ciertas composiciones microbianas, aunque se cree que el ambiente y la dieta juegan un rol más grande en determinar la microbiota​ (4). La edad también influye: en la vejez, la microbiota tiende a perder diversidad y ciertos grupos beneficiosos, lo que puede contribuir a la fragilidad inmunológica en adultos mayores. Asimismo, una higiene ambiental extremadamente esterilizada (falta de contacto con la naturaleza, uso excesivo de desinfectantes) podría limitar la exposición a microorganismos y reducir la riqueza de la microbiota, según la “hipótesis de la higiene”. En contraste, convivir con mascotas o en entornos rurales diversifica los microbios con los que entramos en contacto, potencialmente enriqueciendo nuestra flora.
Causas de la disbiosis - Life Warrior

En conclusión, una vida moderna poco equilibrada puede pasar factura a nuestros microbios. Dietas inadecuadas, antibióticos innecesarios, estrés y sedentarismo se han identificado como factores que promueven el desequilibrio bacteriano​ (4). La buena noticia es que, así como podemos dañar nuestra microbiota, también podemos nutrirla y restaurarla mediante cambios en nuestros hábitos. ¡Veamos cómo identificar un posible desequilibrio y qué hacer para mantener en armonía a estos importantes compañeros de vida!

Principales síntomas de una microbiota intestinal desequilibrada

¿Cómo saber si tu microbiota no anda del todo bien? Existen señales de alarma que pueden indicar un desequilibrio intestinal. Entre los síntomas más comunes de disbiosis encontramos:

  • Malestar y trastornos digestivos: Gases excesivos (flatulencias), hinchazón abdominal (sensación de barriga inflada) y cambios en el tránsito intestinal suelen ser los primeros indicios. Tanto la diarrea recurrente como el estreñimiento crónico pueden relacionarse con una flora alterada. Muchas personas con disbiosis reportan digestiones pesadas, cólicos o molestias abdominales frecuentes sin causa aparente​ (2). La producción de gases o incluso halitosis (mal aliento) también puede presentarse debido a fermentaciones anómalas en el intestino​.
  • Intolerancias alimentarias nuevas o agravamiento de síntomas: Un intestino desequilibrado puede volverse hipersensible a ciertos alimentos. Por ejemplo, algunas personas desarrollan intolerancia a la lactosa o al gluten asociada a alteraciones de la microbiota. También pueden aparecer sensibilidad a alimentos que antes se toleraban bien​. Si notas que de repente casi todo te cae mal, tu flora podría estar involucrada.
  • Bajadas en la inmunidad y enfermedades frecuentes: Dado el papel de la microbiota en el sistema inmune, su desequilibrio puede manifestarse en infecciones recurrentes. Por ejemplo, candidiasis de repetición, infecciones urinarias frecuentes o resfriados constantes podrían asociarse a una flora debilitada que ya no controla bien a los patógenos. Además, una microbiota alterada puede contribuir a inflamación sistémica de bajo grado, relacionada con alergias o exacerbación de condiciones autoinmunes. En este artículo te explicamos en qué consiste esta inflamación y cómo prevenirla.
  • Alteraciones en la piel y alergias: Existe un conocido eje intestino-piel. Una disbiosis puede reflejarse en problemas cutáneos como acné, eccemas, dermatitis o psoriasis agravada. También se ha observado relación entre desequilibrios intestinales y alergias alimentarias o ambientales más acentuadas. Por ejemplo, algunos estudios vinculan la disbiosis temprana con mayor riesgo de dermatitis atópica en bebés.
  • Síntomas generales como fatiga y cambios de humor: Muchas personas con desequilibrio en la microbiota reportan cansancio crónico, falta de energía e incluso niebla mental. Esto podría deberse a una menor producción de ciertas vitaminas o a la inflamación de bajo nivel que genera la disbiosis. Asimismo, dado el eje intestino-cerebro, no es de extrañar que aparezcan síntomas emocionales: ansiedad, decaimiento, irritabilidad o trastornos del sueño pueden acompañar a los problemas intestinales crónicos​. De hecho, se ha observado que algunos pacientes con depresión mayor presentan alteraciones en su microbiota, lo que sugiere una conexión bidireccional entre ambos sistemas.
Potenciales consecuencias de la disbiosis

Potenciales consecuencias de la disbiosis

Cabe destacar que estos síntomas pueden tener múltiples causas y la microbiota es solo una pieza del rompecabezas. Sin embargo, si experimentas varios de estos problemas de forma persistente, vale la pena prestar atención a tu salud intestinal. Un profesional puede evaluar desequilibrios (incluso mediante análisis de heces que examinan la composición microbiana) y recomendarte medidas para restaurar el equilibrio.

En nuestro próximo artículo os daremos pautas y consejos para restaurar y mantener el equilibrio en vuestra microbiota. ¡No os lo perdáis!

Referencias del artículo

  • Hrncir T. Gut Microbiota Dysbiosis: Triggers, Consequences, Diagnostic and Therapeutic Options. Microorganisms. 2022 Mar 7;10(3):578. doi: 10.3390/microorganisms10030578. PMID: 35336153; PMCID: PMC8954387.
  • Alagiakrishnan Kannayiram , Morgadinho Joao, Halverson Tyler: Approach to the diagnosis and management of dysbiosis. Frontiers in Nutrition Volume 11 – 2024. https://www.frontiersin.org/journals/nutrition/articles/10.3389/fnut.2024.1330903 DOI=10.3389/fnut.2024.1330903 ISSN=2296-861X
  • Thursby E, Juge N. Introduction to the human gut microbiota. Biochem J. 2017 May 16;474(11):1823-1836. doi: 10.1042/BCJ20160510. PMID: 28512250; PMCID: PMC5433529.
  • Madison A, Kiecolt-Glaser JK. Stress, depression, diet, and the gut microbiota: human-bacteria interactions at the core of psychoneuroimmunology and nutrition. Curr Opin Behav Sci. 2019 Aug;28:105-110. doi: 10.1016/j.cobeha.2019.01.011. Epub 2019 Mar 25. PMID: 32395568; PMCID: PMC7213601.

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